jueves, 28 de mayo de 2015

Hip-Hop o petanca


     Los psicólogos dicen lo que todo el mundo sabe, pero con palabras que nadie entiende. Aun así es innegable la utilidad de la Psicología aplicada. Uno de sus postulados establece que la percepción es la captación directa de la información ambiental contenida en el flujo estimular. Viene a decir que aquello que somos capaces de percibir en nuestro entorno y a considerarlo como información significativa tendemos a interiorizarlo y a incorporarlo a nuestro repertorio conductual, desechando aquellos estímulos confusos o con una percepción no significativa. Ignoramos si en la Universidad George Washington, donde Iván Redondo realizó su máster en campañas electorales, se dan  nociones teóricas sobre estos aspectos psico-sociológicos; creo que sí. Entonces lo que ha fallado en la campaña personalista diseñada por el director de gabinete de presidencia para José Antonio Monago ha sido la extrapolación de maneras electorales norteamericanas a una región de España como Extremadura (la única que es objetivo 1 en Europa por sus niveles precarios de desarrollo), con unas características poblacionales todavía marcadas por la dispersión y la ruralidad, donde la penetración tecnológica es lenta y por tanto su población todavía es poco permeable a las innovaciones comunicativas que se les han querido presentar. En terminología taurina, hemos asistido a una faena que “no conecta”.

     Esta visión coincide con el resto de análisis que se están haciendo, incluso internos. Con esos vídeos de dibujos animados que han servido la polémica, emitiendo por youtube promesas electorales mientras practica spinning en un gimnasio, usando un   autobús de campaña como0 si fuera el de la lucha contra el cáncer o adoptando el sistema de mitin-concierto lo que se ha conseguido es precisamente alejar a su votante-tipo, el de siempre, que no se ha identificado suficientemente con un candidato-protagonista que difumina a su partido; y no generando tampoco  acercamiento del elector joven, que necesita algo más que rap, cosa que debería saber un costoso equipo asesor. Por ejemplo, se hubiera valorado más por la ciudadanía el anuncio de incorporar el folklore extremeño como seña de identidad a los currículos escolares que una “cultura” ajena e importada de los barrios neoyorquinos como el hip-hop. Incluso la eliminación en campaña de los signos identitarios del partido: logo, sintonía musical, colores, el propio nombre (cosa que también ha alejado el apoyo de pesos pesados nacionales) puede haber sido percibido como un estímulo equívoco,  una especie de candidatura independiente dentro del propio PP, desmarcada interesadamente de su historia. Esto tampoco ha reportado beneficios electorales y ha hecho perder la indudable inercia que aún conservaban las ahora emigradas gaviotas.

     Prescindiendo de los mensajes ideológicos –que ya tratarán más versados analistas-, la actuación preelectoral de Guillermo Fernández Vara ha sido todo lo contrario: concepción tradicional de campaña para una población tradicional. Mucho más contacto personal y acercamiento a los pueblos, sin artificios; el ciudadano extremeño todavía valora mas la cercanía física que la de las redes sociales o mensajes grabados. El dirigente socialista ha sido percibido más como candidato recabador de información sobre los problemas de la gente, corpóreamente; y menos como mero emisor de mensajes-promesa. Es decir, en este caso la percepción sí ha actuado como recopiladora de estímulos significativos, entendibles y fácilmente incorporables a patrones de conducta generadores de confianza. En este caso, el voto. Tomar una caña en Pescueza con sus posibles votantes no es lo mismo que lanzar al ciberespacio un twitter con 140 caracteres.

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