viernes, 9 de octubre de 2015

Premios extremeños



  La decepción que nos dejó la eliminación en la carrera para la capitalidad cultural europea 2016 ha derivado en regusto con el galardón de capital española de la gstronomía para Cáceres en el  2015. Dado el ímpetu que en los últimos tiempos ha ido adquiriendo el turismo gastronómico, me atrevo a asegurar que los beneficios de esta designación superarán al hipotético impacto que pudiera haber tenido el asunto cultural: la cocina está de moda, no hay más que ver la televisión; y la hostelería hoy día es una fuerza centrífuga que irradia provechos varios a diversos sectores.

     ¿Y qué decir de los “rincones”? Por segundo año consecutivo la guía Repsol,  con dos millones de internautas, distingue a un lugar extremeño. En 2014, el puente de Alcántara; este año ha sido el enclave malpartideño de Los Barruecos el elegido mejor rincón nacional. Evidentemente, estamos ante una carta de presentación envidiable, como ya atestiguan en Alcántara, con un incremento de visitas del 50%. Pero es que, además del patrimonio histórico o natural, nuestro rico folklore nos sitúa en otra ventajosa posición de salida, con varias fiestas de interés nacional. Ahí tenemos a los arroyanos, que  han conseguido que el Día de la Luz obtenga el título de mejor fiesta española en un concurso televisivo.
Y ya en el paroxismo de los galardones nacionales, un asunto tan poco festivo como la muerte ha sido la causa de que también Extremadura ocupe el primer lugar del ranking: Montánchez tiene el mejor cementerio español en un concurso patrocinado por la revista “Adiós”, en el que se han recibido votos favorables hasta de Hong-Kong. 
   A la vista de todos estos éxitos se me ocurren algunas reflexiones. Ninguno de estos premios debe hacernos olvidar que en otros parámetros, precisamente los que afectan a más gente y a nuestro bienestar, somos los últimos: desempleo, índices de pobreza y renta per cápita. Es verdad, al parecer, que hemos aprendido a organizarnos para defender lo propio y es admirable ver a todos esos voluntarios movilizados en defensa de los intereses de su comarca. También es evidente que dominamos las nuevas tecnologías y las redes sociales, vehículo de  esos concursos. Hemos sido afortunados en heredar un rico patrimonio con vestigios históricos, unas tradiciones y un folklore, que además se han sabido conservar.
Está muy bien rentabilizar el legado de nuestros antepasados, lo que pasa es que eso tal vez no sea suficiente para salir del furgón de cola. Los euros de los turistas no solucionan nuestros problemas endémicos.   Es preciso y perentorio crear estructuras que no estaban y partir también de lo nuevo para crecer. Esos flujos de movilización tenemos que aprender a usarlos para defender lo que todavía no existe. Innovar, emprender, explorar, transformar… esto nunca se nos ha dado bien y es precisamente lo que exige el mundo globalizado. Hacen falta otros premios, como el “ingeniero del año” otorgado al cacereño Cayetano Carbajo, pero, a ser posible, que no trabaje en Múnich sino en Extremadura.

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