miércoles, 1 de marzo de 2017

Cielo extremeño






 Recientemente hemos asistido a la celebración de la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO 2017) en el Parque Nacional de Monfragüe, constituyendo este evento un ejemplo de cómo usar los recursos con los que la Naturaleza nos ha beneficiado, para favorecer el crecimiento económico de manera sostenible: ahí están esos 12.000 participantes, una vanguardia del turismo de naturaleza de alto standing, esos profesionales, expertos y empresas especializadas, esos más de 100 expositores, jornadas técnicas y encuentros diversos que redundarán en un mayor conocimiento a nivel mundial, no solo de nuestro Parque reserva de la biosfera, sino de otras comarcas extremeñas –que son muchas- con una biodiversidad única.
     Pero esta ornitología en auge no es más que un puntal más para el aprovechamiento de nuestros recursos. La Ley de Conservación de la Naturaleza extremeña contempla una amplia protección de espacios naturales (parques, reservas, paisajes, corredores ecológicos y de biodiversidad, ZEPAs, etc.). Más del 30% de nuestro territorio pertenece a la Red Natura 2000 y un alto porcentaje del turismo que recibimos lo hace precisamente atraído por nuestro envidiable medio natural y su excepcioinal grado de conservación. Somos quienes tenemos la mejor calidad del aire. Nuestra tierra es donde mejor se divisan las estrellas (Monfragüe ya es también Destino Starlight de Extremadura). Aquí se puede contemplar todavía trashumancia, se pueden hacer cientos de kilómetros cicloturistas o senderistas por diferentes paisajes y ecosistemas; Extremadura es un paraíso para la caza dentro de parámetros sostenibles y otras muchas actividades de aire libre. La gastronomía y el sabor general de un mundo rural todavía puro constituyen un atractivo más para darnos a conocer a crecientes masas de ciudadanos hastiados de vida urbana e insalubre, para los que el turismo rural constituye un gozoso escape. El cielo de nuestra tierra no debe ser menos alto que el de Castilla, porque además de haberlo levantado los campesinos de tanto mirarlo, como dijo una vez Delibes, lo vamos a seguir haciendo contemplando las aves y las estrellas. Añadamos a todo esto nuestro patrimonio histórico-artístico.
     Sabemos que los tejidos industriales en Extremadura son muy incipientes o referidos a transformaciones primarias y, no nos engañemos, es difícil revertir esta situación. No tenemos puerto de mar ni aeropuertos competitivos ni vías férreas con garantías. No tenemos tradición industrial ni práctica fabril a gran escala. Las chimeneas humeantes están ausentes de nuestro paisaje. Yo pienso, además, que maldita la falta que nos hace esto último, porque entonces Extremadura no sería la tierra que amamos. Claro que hay que reivindicar, en cambio, vías de comunicación dignas. El crecimiento de la riqueza y el empleo, ese mantra de nuestros tiempos, no solo se consigue a base de refinerías de petróleo o almacenes de residuos radiactivos. Otros que gestionen sus recursos económicos manufactureros y sus gases efecto invernadero. Pero nosotros tenemos seriamente que gestionar los nuestros, los que nos singularizan e identifican desde la sostenibilidad. Crecimiento económico y conservación no son conceptos antagónicos ni mucho menos, esto ya lo dijo Simon Kuznets, premio Nobel de economía hace décadas. Hay que rentabilizar y monetizar todo eso que tanto nos ha costado conservar: la Naturaleza es un gran motor de desarrollo y ahora estamos empezando a ver que la calidad de vida y la del bolsillo pueden avanzar juntas. Investiguemos, trabajemos y caminemos por ahí.
  
    




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