miércoles, 22 de febrero de 2017

Armonización y dumping



   He aquí dos términos a los que tenemos que irnos acostumbrando, porque las modas no solo colonizan las pasarelas sino también los léxicos. Estas dos palabrejas vienen a cuento de la actualidad que está tomando la cuestión impositiva a resultas del debate social referido al controvertido impuesto de sucesiones, y que ha sido reavivado no hace mucho por el propio presidente de la Junta de Extremadura Guillermo Fernández Vara en su nuevo canal en vivo y en directo. Aprovecho para manifestar que esta forma de inquirir la opinión ciudadana usando las posibilidades directas e inmediatas que ofrecen las redes sociales me parece una idea aceptable, una forma de tomar el pulso de la calle que antes no existía. Otra cosa es que la opinión ciudadana luego se plasme o no en actuación política.
     Volviendo al impuesto de sucesiones, pocas veces habrá tenido el presidente una respuesta más unánime. Los ciudadanos dicen que es un impuesto a la muerte, injusto y duplicado al gravar bienes y derechos por los que en su día ya se tributó. La transmisión de una herencia familiar no es un negocio lucrativo, y en muchos casos los tipos impositivos son auténticamente confiscatorios. Parece que tampoco sirve para redistribuir la riqueza. Y aquí viene lo de la armonización: si uno muere en Madrid no paga, pero en Guadalajara paga una media del 30% por lo heredado. Por eso se acusa a esta comunidad de ejercer dumping, segunda palabreja que viene a significar competencia desleal o romper el mercado, algo parecido a lo que está haciendo Irlanda. Está claro que estas diferencias territoriales o falta de armonización, en primer lugar, vulneran el derecho constitucional de igualdad y, por otro lado, agrandan la brecha ya existente en la cohesión interterritorial: resulta que en las comunidades pobres se paga más que en las ricas.
   ¿Quién es entonces el culpable de la falta de armonización? ¿Las comunidades que minimizan el impuesto que son acusadas por dumping fiscal o las que mantienen sus leyes de financiación sin tocar el impuesto por afán recaudatorio? ¿Sería posible establecer una horquilla de máximo y mínimo común a nivel nacional, es decir, armonizar este tributo? Lo que no puede ser es que ya haya familias extremeñas que les dejan a sus hijos en herencia un piso en Madrid, o que haya empresas y grandes fortunas que cambian su residencia a esa comunidad: ¿no es esto un paraíso fiscal dentro de nuestro propio territorio que distorsiona el estado del bienestar?  Ya no es posible que seamos todos moros o todos cristianos, (aquello del “café para todos”), el Estado  ya ha delegado más competencias a las Comunidades Autónomas que los Länders alemanes; la financiación autonómica es una quimera prácticamente inabordable porque cada una ha ido introduciendo pequeñas “estructuras de estado” a las que nunca renunciará. Por eso quienes abogan por una reforma de la Constitución en la dirección federal deben calibrar si al final se afianzarán y adquirirán carta de naturaleza definitivamente las diferencias entre territorios en lugar de eliminarse.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Raíces del machismo



 La expresión más elocuente –y dramática- del machismo imperante en la sociedad moderna lo constituye la llamada violencia de género, en la que afloran en estado puro las expresiones más antiguas de nuestro genotipo: el macho usa su mayor fuerza física para sojuzgar a la hembra por encima de la razón, esa supuesta razón que la evolución de la especie nos ha hecho distinguirnos del resto de primates.   Independientemente de esta realidad genética consolidada durante decenas de miles de años por patrones de comportamiento diferenciados (hombre cazador, mujer al cuidado de la prole, etc.), las distintas culturas y religiones que se han ido sucediendo desde que salimos de las cuevas y que en teoría han ido puliendo al homo sapiens  no han hecho más que arraigar la supremacía masculina.
    Con todo esto quiero decir que, en comparación con la ya prolija historia de la Humanidad, los movimientos feministas  llevan todavía muy poco tiempo tratando de romper unos esquemas férreamente afianzados en la cultura, modelos muchas veces asumidos involuntaria e inconscientemente por las propias mujeres. El feminismo militante ocasionalmente acaba en extremos grotescos, como el de la escritora Virginie Despentes, autora de la novela “Fóllame” cuando dice que escribe desde la fealdad para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las histéricas y las taradas.
  Muchas mujeres, como es notorio, utilizan el machismo –ya de forma deliberada- en su beneficio. Tenemos en la retina las comparecencias en los banquillos judiciales de esposas de presuntos corruptos. Bárcenas, Correa, Urdangarín y otras hierbas. Ninguna sabía de dónde salían las fortunas ni los Jaguares (caso de Ana Mato), se limitaban a disfrutar de la vida, firmaban donde su marido les ponía el dedo porque su función era llevar las cosas de la casa. Cabría pensar que este interesado automachismo femenino está más apuntalado en las capas sociales bajas, pero qué va: hija y hermana de reyes es el paradigma.
      Se ha tratado de combatir al machismo desde sus manifestaciones con resultados mediocres. El lenguaje inclusivo y no sexista suele derivar en la ridícula y cansina retahíla de “compañeros y compañeras, trabajadores y trabajadoras, todos y todas”. Otro parche es la pretendida paridad forzada, pues en lugar de modificarse las estructuras que posibiliten verdadera igualdad de cualificación, se va directamente por vía rápida a la frialdad del número: pongo a cinco hombres y cinco mujeres y listo (claro que esto solo es posible en la política). Es en la educación donde radica la garantía de un cambio de mentalidad, y aunque se están poniendo las bases, hay evidencias contradictorias: por ejemplo, el 95% del profesorado en educación infantil son mujeres, que perpetúan el patrón ancestral de la especie trasladando a las escuelas la figura materna y sus roles.
     El montaje socioeconómico global potencia que las mujeres inmortalicen los estándares estéticos para atraer al macho usando bótox y silicona, siendo mujeres-florero, explotando imagen y cuerpo para distintas promociones. Flaco favor para la causa feminista, a cuya sombra ya hay movimientos distorsionadores como el neo-machismo y el feminazismo. ¿Cuándo llegará entonces la verdadera igualdad? Yo la veo todavía algo lejos, y lo dijo hace tiempo Estella Ramey: "la igualdad llegará cuando una mujer tonta pueda llegar tan lejos como hoy llega un hombre tonto".

miércoles, 1 de febrero de 2017

Efecto llamada



Este término se acuñó hace años, utilizándose por la oposición al proceso de regularización de inmigrantes que llevó a cabo el gobierno de Zapatero. El efecto llamada consistiría en la llegada masiva de  inmigrantes ilegales ante la supuesta benevolencia ofrecida por aquel proceso regulador. Después no existió ninguna constatación empírica que justificase aquel temor. Eso ya es agua pasada y el problema no existe, pero estamos ante una curiosa reutilización semántica del término “efecto llamada”, que lejos de abandonarse con el fenómeno extinguido que lo justificó,  se usa actualmente para referirse a la posible llegada de opositores de otras comunidades autónomas para optar a plazas públicas convocadas por la administración regional, como si esto supusiera otra “amenaza” al sistema.
     Tal vez el caso más emblemático lo tengamos en las oposiciones educativas y mi opinión pueda resultar redundante sobre otras ya manifestadas. Aclaremos que los cuerpos docentes tienen carácter estatal y los interesados en optar a estas plazas tienen el derecho constitucional a hacerlo en cualquier parte del territorio, existiendo concursos de traslados igualmente nacionales. Las comunidades que exigen el dominio de una lengua vernácula están más blindadas; pero dicho esto, no deja de resultar llamativo que en la región líder en tasas de desempleo se estén solicitando reuniones urgentes y recogiendo firmas para que no se convoquen oposiciones, y se mantengan un año más condiciones precarias e inestables para los docentes interinos, solo por el temor a que opositores de otras latitudes puedan “chafar” alguna plaza a los de aquí. Lo ideal sería celebrar oposiciones simultáneas en toda España, pero estas competencias transferidas se gestionan según las necesidades de cada comunidad, por lo que la movilidad interterritorial es un hecho. Ante esto, además de una falta de confianza en el talento de nuestros jóvenes titulados, esta actitud proteccionista  resulta opuesta a la finalidad del proceso selectivo: garantizar que los aspirantes más cualificados ocupen las plazas ofertadas, pues de eso se beneficiará en este caso la calidad de la enseñanza, con independencia de que ese opositor haya nacido en Almendralejo o en Cieza. Quienes se escudan  en este posible “efecto llamada” para intentar paralizar oposiciones muy necesarias por la temporalidad que sufre el sector educativo (incluso con especialidades con dificultad para encontrar docentes, lo que motiva que los alumnos estén sin profesor largos periodos) se sumen en un corporativismo no exento de  provincianismo: se entiende que luchen por que se convoque el mayor número de plazas posible, pero no que aboguen por que no se convoque ninguna con la esperanza de que en otro año venga menos gente. No tengo claro que minimizar ese efecto llamada –que nunca es avalancha- justifique postergar un proceso selectivo. Conozco casos de opositores/as extremeños que ante la raquítica o nula oferta han obtenido plaza en otra comunidad, aprovechándose del “efecto llamada” pero en sentido inverso, al igual que hacen los temidos opositores  que vienen de fuera. Ya volverán. He aquí una opción que parecen no contemplar los interinos que recogen firmas: buscar el futuro allí donde se vislumbre como alternativa plausible a esperar a verlas venir sin movernos de la silla. Antes del estado autonómico uno concursaba en toda España y no era nada dramático. Resultaba enriquecedor y la endogamia no constituía una prioridad ineludible.

miércoles, 25 de enero de 2017

El patio de mi cole



Un meritorio reportaje de Miriam F. Rua publicado en este diario en días pasados nos pone al corriente de la interesante iniciativa llevada a cabo en varias escuelas de Badajoz, consistente en convertir los recreos y los patios de los centros educativos en espacios interactivos fomentando la creatividad, ante una aterradora evidencia: los niños se aburren en el recreo, no saben jugar.
     Mucho se ha escrito  sobre este lamentable fenómeno achacable al vértigo de los tiempos y al advenimiento de la era tecnológica; y no escasean los estudios científicos experimentales que ponen de manifiesto las consecuencias perniciosas de la falta de socialización en los niños. Sin embargo esos estudios se quedan en  la pura teoría y son muy escasas las puestas en práctica de programas de actuación como el que nos ocupa, que lleva por nombre “el patio de mi cole es particular”. Enhorabuena a los promotores.
     La ciencia dice que los juegos infantiles –los tradicionales, los que animaban antaño recreos, calles y parques- son imprescindibles para el desarrollo físico y la maduración biológica, para fomentar la interrelación con iguales, para saber adaptarse a las normas y valores de un grupo, para aprender a trabajar en equipo. El juego favorece el desarrollo de habilidades de socialización, enseña a compartir y a adquirir roles. Si nos fijamos, son requerimientos absolutamente necesarios para progresar sin sobresaltos en la vida misma cuando la adolescencia y la adultez sustituyan a las etapas infantiles y haya que enfrentarse a un mundo donde indefectiblemente hay que relacionarse, porque existe competitividad y es preciso aceptar sin frustración normas y reglas. Recuerdo que en mis ya lejanos estudios de Pedagogía y Psicología, cuando todavía no había implosionado del todo el boom tecnológico, uno de los autores más leídos  en las facultades de educación era el psicólogo ruso Lev S. Vygotsky, que afirmaba que la verdadera dirección del desarrollo del pensamiento no es de lo individual a lo social, sino de lo social a lo individual. Es decir, que un niño aislado de forma habitual en la soledad de su habitación con su consola de videojuegos no está en una dirección correcta en cuanto a una natural evolución de su proceso de socialización. También podríamos citar a Karl Groos, que destacó el juego como fenómeno de desarrollo del pensamiento y la actividad, basándose incluso en las teorías adaptativas de Darwin. Y por supuesto, el suizo Jean Piaget con sus etapas de desarrollo cognitivo y actividades lúdicas para cada una de ellas.
     Si  estamos de acuerdo en todo esto, porque que hay evidencia científica, ¿por qué no se lleva a la práctica? He aquí una cuestión que podríamos añadir a ese rosario de convicciones ignoradas, como por ejemplo, el cambio climático: sabemos las soluciones, pero nos cuesta cambiar las costumbres. Para los padres es más cómodo tener a los niños pegados a la televisión (tres horas de media), sería un engorro llevarlos a jugar a algún sitio o, incluso, jugar ellos mismos con sus hijos.
     A lo mejor el dominio del individualismo en la sociedad actual es síntoma de que se ha hecho vieja la generación que jugaba al rescate y al “burro viejo”, en cuya casa siempre hubo unos “juegos reunidos” y un mecano.

miércoles, 18 de enero de 2017

Protestas juveniles



  Desde antiguo siempre ha habido momentos contradictorios en los cuales la sociedad de una región o zona geográfico-cultural ha estado en desacuerdo con un orden establecido que se hace caduco o no cumple ya las expectativas sociales; y esto ha causado la aparición de todo tipo de protestas, normalmente por parte de las generaciones más jóvenes, impulsivas e inquietas.
     Por  referirme a hechos que muchos hemos vivido, tal vez sea el mayo del 68 el paradigma por excelencia de la protesta ante unos parámetros sociales  obsoletos que habían dejado de responder a los requerimientos de los ciudadanos. Cierto que hubo protestas violentas, huelgas, etc., pero también es verdad que la paz y la no violencia fueron los símbolos del momento; además eclosionó una bella forma de mostrar el desacuerdo pacíficamente usando la música. La canción-protesta burlaba incluso prohibiciones de reunión anti-sistema en épocas sin libertad. Entonces se iba tan solo a un concierto a escuchar música a favor de la paz o en contra del apartheid… Joan Báez,  los Rolling Stones o el mismo Serrat lideraron una tendencia dinámica hacia los cambios que se demandaban.
     El caso es que con el tiempo estas protestas dulces se fueron desvirtuando y llegó un momento en el que, aniquilados los hippies con su romanticismo, surgió una juventud acomodaticia que, totalmente mimetizada con el sistema, ya no sabía contra qué protestar: vivían bien y había libertad. La música quiso seguir mostrando un enfrentamiento social postizo e impostado, usando tan solo el nombre de los grupos (una vez demolidas también las letras y melodías contestatarias del pasado): “No me pises que llevo chanclas”, “Dinamita pa los pollos”, “Mojinos escozíos”, fueron el contrapunto a Bob Dylan o Georges Moustaki  ante la nueva juventud sumisa y aborregada, nieta del 68.
   La tortilla se dio la vuelta no hace mucho y aquel joven mileurista postergado se ha convertido en un privilegiado. Hoy tenemos un 45% de desempleo juvenil que es una cifra obscena e insostenible, con jóvenes titulados ganando 700 euros. Pero ¿dónde se ha metido la juventud?  Es como si esa cifra de paro y esas condiciones laborales no fueran suficientes para que levanten la vista de sus malditos móviles y tabletas. En cualquier otro momento de la historia reciente estarían tomando las instituciones, reventando las universidades. Haciendo la salvedad del fugaz movimiento de acampadas del 15-M como remedo nostálgico de aquellos años, los jóvenes han desertado prácticamente de la calle. Ni siquiera la música es ya una espita de escape para crear frentes, pues los “novíssima” en cuanto a la protesta juvenil, ahora que  también se han pasado de moda los nombres estrambóticos de grupos musicales están en las redes sociales y las plataformas cibernéticas. En la web líder en peticiones (change.org) no solo podemos firmar por buenas y justas causas sociales, sino también para que pongan más chocolate en los cereales y cosas así. Es en las redes donde radica ahora el refugio del inconformismo social con miles de caricaturas de revolución que invitan a unirnos a grupos como “Esto deberían arreglarlo quienes lo jodieron” o, por ejemplo, “Se va a jubilar tu puta madre a los 67 años”. Eso es todo, amigos. Y pensar que algunos corrimos delante de los grises…